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miércoles, 27 de marzo de 2013

Más que un sueño, una realidad

Hace mucho tiempo tuve un sueño, un sueño incluso más grande que aquel universo que yo soñaba con tocar. Le daba tantas vueltas en mi mente que a veces me costaba trabajo hilvanar mis pensamientos y asentarlo a la realidad. En ocasiones pensé acariciarlo y traté de sujetarlo fuertemente, pero cada vez que me parecía haberlo logrado, se volvía a escapar de entre mis manos y se balanceaba nuevamente frente a mi. A veces lo observaba en el silencio, buscaba caminos más fáciles para alcanzarlo, pero nunca era suficiente. Creí incluso perder la fe, eran momentos que me tentaban a dar la media vuelta y dejarlo sumirse en la bruma de mis pensamientos más profundos, silenciados por la decepción y la amargura, pero seguía ahí, con una fuerza inquebrantable que a veces me parecía desconocida y sin embargo alentaba a mi espíritu a continuar.
Recuerdo que fue un largo trayecto, difícil, y cuando yo creía que al fin había escampado, las nubes volvían a invadir el cielo con esos tonos grisáceos, enmascarando mi cordura, incluso los sonidos de la lluvia me traían voces que ahora me son distantes, voces que me anunciaban mi fracaso, pero de alguna manera era inmune a esos pensamientos infames. 
Y después de todo, el día que por fin conquiste aquel sueño, me di cuenta que ni el sol más brillante podía contrastar con la sonrisa enmarcada en mi rostro.

Sometimes it can be hard to get what you want, but if you keep trusting yourself no matter what, you'll finally get it. 

By Pandora

miércoles, 30 de enero de 2013

El rostro de la pobreza

Vió que su madre volvía a tomar esa manía, la ansiedad había regresado, aunque la verdad, oculta, siempre se había mantenido presente. 
Volvió a mirar las monedas entre sus manos, quería llorar, pero no se lo permitió, tenía que mostrarse fuerte, no podía permitir que su madre la viera así. Por un momento quiso quedarse ahí, aguardar la muerte lenta y sucumbir al olvido de una vida llena de carencias. Su semblante se estaba viendo afectado, poco a poco se moldeaba con la preocupación y una furia contra el vacío, sus pensamientos se disolvían y apenas podía vislumbrar algún fragmento del presente pero no dejo que ella lo notara. Entonces volvió a contar cada una de las monedas que tenía en sus manos, sabía que ni siquiera era suficiente para sobrevivir ese día. Su madre seguía sentada con esa angustiosa mirada en su rostro, mordiéndose las uñas. 
-¡Basta!- gritó a su madre. -Deja de preocuparte, vayamos a conseguir algo de comer-dijo con toda la convicción que le quedaba. 
La madre no espetó nada y se levantó inmediatamente. Ambas salieron de aquella pequeña casa sin decir nada,  aventurándose al mundo por un poco de alimento.
La única opción que tenía era aquellos ahorros que guardaba, ahorros que se consumían una y otra vez con el tic tac del tiempo, que la apresuraba y de repente, casi sin darse cuenta, nada, no había nada. 
Así era su vida, ella soñaba con salir de ella y no volver a regresar a esos días oscuros, en que morir de hambre podía ser su única realidad.



By Pandora

viernes, 18 de enero de 2013

La chica de la habitación 509

Temía salir, el mundo me parecía demasiado grande y yo, tan pequeña. Procure quedarme ahí, observando desde la ventana las pequeñas gotas de lluvia perderse una tras otra. Incluso los ruidos de la lluvia me asustaban de vez en cuando. De alguna forma siempre había permanecido oculta, no conocía más mundo que el que me aguardaba en mi propia realidad y así había decidido quedarme durante años. 
Aquella habitación en la que me hallaba se había vuelto mi refugio. A veces durante las noches me gustaba salir de ella e iba al pequeño restaurante que se encontraba en aquel hotel, podía escuchar por horas las melodías que eran creadas desde las teclas de aquel piano para el confort de la multitud y yo me quedaba ahí sentada al pie de las escaleras, inmóvil, sin escuchar siquiera el paso de la gente que pasaba a mi lado, a veces me parecía escuchar mi nombre entre la muchedumbre pero nunca fije la mirada en otra cosa que no fuera aquella música y cuando terminaban de sonar las notas sentía que se me partía el alma. Apenas estaba conociendo lo que era sentir y me parecía dolorosamente maravilloso. Entonces aquel joven pianista, al final de la velada,  se acercaba a mi y me daba un dulce y un tierno beso en la frente de buenas noches, sabía que era el momento de volver a aquella habitación, la 509. Me apresuraba a regresar, no sin antes observar a la gente salir de aquel lobby, salir a aquel mundo exterior que me era ajeno y extraño. A veces me sorprendía la cercanía a la que me hallaba de aquellas grandes puertas de cristal y podía sentir el gélido aire alborotar mi cabellera, desde ese lugar podía escuchar los sonidos del mundo, desde el claxon del taxi, el murmullo irreconocible de las voces humanas o el repiqueteo de las gotas de lluvia al caer en las sombrillas. En ocasiones me acercaba un poco más, a veces creía que estaba a punto de salir, de lograr vencer mi temor, pero me volvía a hallar el miedo y me sostenía fuertemente, atándome a aquel viejo hotel, creía sonreír amargamente para mis adentros y me sorprendía la rapidez con la que había crecido, solo esperando. La soledad que me acompañaba era sofocante, aun con los años no logré acostumbrarme a ella. Era curioso saber que me sentía tan sola en un hotel lleno de gente, ni siquiera mi padre, dueño de aquel hotel, me dirigía la palabra en sus horas libres. 
Llego finalmente el día en que decidí acercarme al mundo. Aquel día de poca cordura nevaba, fue así que decidí conocer la nieve. Volvía estar paralizada por el miedo, al pie de aquellas puertas que me parecían gigantes, ya habían pasado algunos años desde la última vez que estuve ahí, ya era una joven pero esta vez, logré cruzar aquella línea invisible que me separaba de lo desconocido y me sentí parte del mundo. No pude evitar reír, mi alma a pesar del frío externo, sintió la calidez fugaz de la alegría que no había sentido antes. Incluso tomé un poco de nieve entre mis manos y deje que helara mis huesos, que recorriera todo mi cuerpo aquella nueva sensación. En ese momento mire aquel lobby que estaba a mis espaldas, y un aire de nostalgia me invadió, sabía que no regresaría y empecé a caminar, dejando todo tras de mi.  Ese día me perdí en el mundo, no volví nunca más a aquel hotel que había sido mi hogar. 

miércoles, 9 de enero de 2013

Inusitada tormenta


Estaba leyendo en la comodidad de aquel sofá a la luz de una lámpara y una taza de chocolate humeante, aquellas palabras, aquel texto había atrapado todos mis sentidos que no me había dado cuenta del repiqueteo de la luz artificial, de pronto escuché el sonido casi imperceptible del viento, como un susurro escalofriante que azotaba fuertemente las ventanas, haciendo todo el lugar retumbar, y entonces una estruendosa lluvia precedió a este. El silencio había sido perturbado así como la tranquilidad que reinaba hasta ese momento, pero no me deje intimidar y tome un sorbo de aquel cálido chocolate tratando de calmar mi alma inmortal.
Escuchaba el fragor en el cielo, como lamentos, lastimeros y profundos pero la lluvia no cesaba, esta tomaba cada vez más fuerza hasta ahogar mis propios pensamientos en el constante retumbar de las gotas contra el techo. Parecía que en cualquier momento estas se filtrarían en mi hogar pero eso no sucedía, trate de serenarme y seguir leyendo pero entonces las pocas luces que iluminaban mi hogar se pagaron de repente hasta quedar en una oscuridad inescrutable y audible.
No me moví, me quede ahí recostada, solo cerré aquel libro tratando de recordar la última página que había leído antes de la inusitada tormenta. Ahora las únicas luces que podía contemplar eran las mismas que el cielo creaba con cada ruido que atormentaban mis oídos. Aquel sonido lograba que mi corazón latiera más rápido de lo normal, trastornaba mis sentidos y afloraba miedos escondidos.
No lograba ver nada, pero miraba a todos lados como si lo hiciera, mi respiración era un poco agitada, trate de serenarme un poco más y pensar con claridad. Trate de distraerme un poco, así que aun contra mis deseos, cerré mis ojos por un instante y respire profundamente, escuchando cada sonido que me rodeaba, podía escuchar el motor de los coches a lo lejos acercándose rápidamente por la calle, el sonar de las llantas con la lluvia hasta desaparecer en una esquina, el constante repiqueteo de los gotas contra las hojas de los árboles en los jardines, y también las pisadas de almas andantes apresurándose para refugiarse en la seguridad de un hogar, y entonces me di cuenta de que mi respiración volvía a ser normal y mis latidos eran rítmicos como el aleteo de un ave. No estaba sola.
Abrí mis ojos nuevamente, esta vez el miedo a nada se había disipado tan rápido como había aparecido, relaje mi cuerpo y recosté mi cabeza sobre el brazo del sofá, suspiré y bostecé largamente, ahora me hallaba en un estado de somnolencia que parecía durar una eternidad pero este fue interrumpido por la repentina luz artificial que iluminaba aquel rincón en el que me hallaba. Me senté en aquellos suaves cojines de terciopelo y coloque el libro sobre la mesa, ahora recordaba perfectamente aquel último fragmento, aquella página, pero no retome la lectura para mi solaz, me quede contemplándolo por un  momento y recordé el dulce olor del chocolate caliente. Tome la taza entre mis manos, dejando que su calor invadiera mi cuerpo y lo sorbí lentamente hasta dejar pequeños trozos de lo que fuera una barra de chocolate. Deposité aquella taza ahora vacía junto a mi libro, trate de acomodarme nuevamente en el sofá y entonces apague la luz, sumiéndome en una completa oscuridad y en un mundo de sueños. Ya no tenía miedo.


By Pandora


jueves, 20 de diciembre de 2012

Transición


Las hojas caen lentamente de los árboles, crujen en el suelo y arrastran consigo lo que queda del otoño y sus tonos naranjas y rojizos por las calles y en los atardeceres, aquellos que se igualaban a la belleza de las lunas de Octubre, dando paso al vendaval que agita las noches pasivas y mis sueños por el frío que recorre mi cuerpo.
Me despido de los momentos, y los guardo en mis pensamientos, como recuerdos olvidados, que aguardan pacientemente la nitidez fugaz de un momento.
Espero pacientemente otro final, me seduce la idea de algo nuevo, saboreo en silencio mis esperanzas y me aferro a las oportunidades que se abren ante mí, como quien se aferra a un amor de antaño, sin cuestionarme
Rebusco en mi mente lo que ya se ha convertido en pasado y acaricio cada palabra dicha, cada sonrisa dibujada, cada risa que ha regocijado mi alma, cada persona que llego para quedarse y a las personas que lentamente se desvanecen de esta continua película, como si dieran un giro a la historia, cada momento que me hizo feliz, cada suspiro que me hizo exhalar y vuelvo a sonreír para mis adentros.
Me dedico a mirar a aquel cielo estrellado, sé que será igual que siempre y escucho el lento sonar del tic tac, me dejo envolver por el tiempo y aguardo los atardeceres, las nuevas historias y las personas que llegan con ellas. Es tiempo de un nuevo comienzo. 


By Pandora

viernes, 21 de septiembre de 2012

El silencio del ayer

En el silencio, incluso en la distancia, su nombre se escucha al retumbar en las olas y la brisa anuncia lo que mis sueños claman. 
Me vuelvo a esconder entre las sábanas cuando los rayos de sol amenazan con levantarme de mi letargo y me aferro a esa brisa, suave y cálida.
Durante las noches, aquellas en vela bajo la luz de las estrellas, me refugio en tu recuerdo.
Silencio, espero y escucho, y es entonces que puedo escuchar tu risa, aquella risa envuelta en la más dulce convicción de un anhelo.
Y busco perderme en aquella irresistible sonrisa que solía dibujarse en tu rostro, surcar tus labios y moldearlos a los míos, tatuar mi nombre en tus pensamientos y aprisionar ese corazón tuyo con el más bello arte de los placeres.
Entonces todo me vuelve a parecer real y mis labios solo le pertenecen al silencio que sella tu nombre. 


By Pandora


Sometimes it seems like I forget about myself. I keep walking and look around without really watching what surrounds me and then I realize that I need to change something within me, like an internal voice telling me that is time for something new. 

sábado, 11 de agosto de 2012

Noche sin estrellas

La noche volvía a abrazar mis más oscuros pensamientos, asaltaban mi mente y me sumían en la nostalgia del pasado. Aquella noche carecía de estrellas y mi refugio quedaba en manos de la oscuridad que reinaba en el cielo, un lugar que me parecía ajeno e incluso inhóspito, en el que sólo estábamos mis pensamientos y yo y de vez en cuando una que otra lágrima que rodaba por mi mejilla, recordándome la melancolía del momento. Era curioso, esas lágrimas ya no surtían un efecto desgarrador en mi espíritu, incluso me parecían extrañas aunque viejas compañeras durante varias lunas, y ya no procuraba apartarlas de mis rostro, sino que las dejaba caer lentamente en el silencio, aunque estas desaparecieron y en algún momento olvidé lo que era llorar con el alma, ya no había lágrimas en mi, nada que derramar y volví a recordar la razón de aquella noche sin estrellas. Los tiempos volvían a ser difíciles, las mañanas pasaban inadvertidas pero las noches se volvían insoportables, ya no quería dormir, ya no sabía si era lo único que me guardaba consuelo de mis tiempos, tiempos en que la vida parece casi asfixiante y tormentosa, pero entonces siempre aguarda el mañana y sé que guardo una ligera esperanza, casi efímera de que pueda cambiar algo, yo pueda cambiar algo y mis fuerzas parecen agolparse en mi espíritu, ínfimas en apariencia pero inexorables y vuelvo a respirar. Después de todo sé que habrá más noches con estrellas. 


By Pandora