Los débiles rayos del sol empezaban a
filtrarse sigilosamente por mi ventana. Mis ojos se abrían perezosamente a la
realidad, pero seguía recostada, escondida entre sabanas, guardando un poco de
calor para mí. Pero no fue aquella luz la que interrumpió mi sueño, sino
aquella melodía, aquella que invadía mi habitación con cada nota, sonaban los
acordes de una guitarra acompañados de una dulce voz. La curiosidad empezaba a
adueñarse de mi ser, pero mi cuerpo no respondía. De repente me levanté,
cuidadosamente, entonces sentí una fría ráfaga sobre mí, quise regresar a la
cama, pero no lo hice. Busque un abrigo en el closet de mi habitación, me
acerque al balcón y observe a través del fino cristal. Los copos de nieve
empañaban un poco mi visión, las calles se hallaban sumidas en la nieve del
frío Diciembre, y los niños se apresuraban a jugar con ella. Me abrí paso hacia
el balcón, entonces pude sentir el aire gélido acariciando mi rostro, respiré
profundamente, adaptándome al momento. En ese instante pude escuchar con más
claridad aquella voz que se filtraba en mis oídos. Cerré mis ojos y lo imagine,
dibuje una sonrisa inconscientemente sobre mi rostro, una de aquellas sonrisas
que se habían perdido con el tiempo. Abrí mis ojos lentamente y busque el punto
de aquella felicidad efímera. Me perdí en su rostro, en sus manos, y de repente
sus ojos se perdieron en los míos. Sus ojos azules y cálidos como el verano
despertaron en mí una sensación perdida, de pronto sentí como cada parte de mi
ser era electrificada con cada gesto. Sonrió desde aquel balcón y yo desparecí
tras aquel fino cristal, me tumbe en la cama y me reí como una adolescente de
antaño, olvidando el invierno constante.
By Pandora

